Las mujeres son de Venus
November 29th, 2004
… y nosotros de Marte. Somos muy distintos en el fondo, aunque parezcamos iguales en la superficie. He intentado comprenderlas toda mi vida, pero cuanto más lo intento, mayor es mi desconcierto.
Este pasado fin de semana ha sido uno de reencuentros. Hacía mucho que no veía a mis antiguos amigos de la facultad: a Carlitos, a Alfonso, a Molpe. Por circunstancias, hacía mucho que no coincidíamos, ni siquiera hablábamos por teléfono.
Y creedme, que cuando digo reencuentros, me refiero en el término más general de la palabra: reecuentro de amigos, de sensaciones, de pensamientos, de sentimientos. Y sobre todo, hablo de ese momento de volver a casa, de cuando dos amigos se dirigen rumbo a la plaza de Sol a buscar un taxi, de ese momento de hablar más en serio, de las cosas que a uno le preocupan, y no de las charlas y las risas intrascendentes.
Ese fin de semana, mi amigo y yo volvimos a recordar los mismos sentimientos que otras tantas noches, como esa, habíamos vivido ya en el pasado. Esos sentimientos, de los que duelen como una herida que no termina de sanar, esos que nunca se olvidan, que le hacen a uno sentirse solo y desdichado en ciertos momentos, y la dan a uno esperanzas en otros. En definitiva, esos sentimientos son los que uno vive cuando se siente atraido por otra persona, por una mujer.
A veces es duro sentirse así. Cuando te pasas la vida intentando dar lo mejor de ti mismo, queriendo ser atento, complaciente, cariñoso, mejor persona, para gustarle a alguien, para que esa persona te deje entrar en su vida, pero ves que no es posible, que esa persona lleva su propia vida, con su trabajo, su familia, su casa y las compras, que no responde a tus llamadas, o cuando lo hace, es para decirte que está cansada, que ese fin de semana se va a quedar en casa, y sabes que pasará una eternidad (en forma de siete días) hasta volver a verla… es entonces cuando te planteas por qué las cosas no son como tú querrías. Hay una canción que me viene a la memoria, y que describe con exactitud cómo me siento en este mismo momento. Esa canción es de Maná, y se llama “Rayando el Sol”.
Siento envidia, sí. Envidia de todas esas parejas felices, de todos esos chicos que encuentran a su chica, a una que les trata como una persona de verdad, que les quiere como son, que se preocupa por ellos. Es lo que más deseo en este mundo, y lo que nunca he tenido. Puedo tener cosas materiales, pero nunca me llenan, porque son frías, y carentes de sentimientos.
A veces creo que no fui hecho para amar, o que ya se me olvidó. Porque cada vez que lo intento, cada vez que siento algo así por alguien, me acaba doliendo. Cuando escucho canciones de amor, son sólo lágrimas lo que me viene a los ojos, Cuando escucho una balada, son sólo imágenes que no he vivido, sueños que sólo he soñado pero no vivido, lo que me viene a la cabeza. Y lucho por no sentirme así, y me voy encerrando en mí mismo, haciéndome pasar por alguien que no soy, expresando cosas que no siento y no se puede vivir así, olvidando a aquellas a quienes he querido, y que me han hecho sufrir, muchas veces sin saberlo, quizá porque no he tenido el valor de decir cómo me hacián sentir, que hubo un día en el que hubiera sido capaz de darlo todo, de entregarlo todo, de hacer lo que hubiere sido necesari para estar a su lado. Pero a veces es el miedo a estropear las cosas, la amistad que ya existe entre ella y yo, lo que hace que calle, que guarde esos sentimientos para mí y, que cada vez que la veo, tan hermosa, sus ojos verdes, casi grises, y su pelo rubio, esa sonrisa que desarmaría un ejército entero, no pueda sino ocultar lo que siento tras mi estúpida sonrisa, en lugar de decirle que me muero por estar con ella, que cuando hemos bailado alguna vez, he sentido mi piel y mi sangre hervir de deseo, que su persona me embriaga, que imagino pasar tan sólo un día, o una noche con ella, y que sería como estar una vida entera en el paraíso, pero que el no hacerlo, el tener que disimular, ocultarlo, es vivir en el infierno.
Pero luego, cuando a veces quedamos a solas, las palabras huyen de mi mente, quedo mudo. Me ha pasado muchas veces, volviendo de Toledo, tras enseñarme su casa nueva, cualquier fin de semana, con los amigos, después de ver una película. Quizá no haya química, quizá yo no sea su tipo. No lo sé.
Quizá algún día me arme de valor, me sienta dispuesto a perder lo poco que tengo, y le diga lo que siento, que muero por ella. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, y ahora mismo, ella es el fuego que mantiene esa llama encendida.
La historia se repite
November 28th, 2004
Sobre mí y el intento de escribir el diario de mi vida.
Sí, se repite.
Son varias veces ya las que he intentado escribir un diario, mantener en formato escrito algunas de las cosas más relevantes que me suceden, para aprender de ellas, para recordarlas, para no volver a equivocarme. Sin embargo, tras unos días o semanas, el diario acaba en algún cajón, escondido, entregado al olvido.
Aún guardo algunas cartas en mi cartera, cartas que escribí en aquellas largas noches de insomnio, sin poder dormir, con la cabeza llena de pajaros o ilusiones. Sin embargo, son sólo fragmentos, cosas puntuales, momentos de mi vida que guardo con añoranza, pero que me recuerdan que, en el fondo, echo de menos una continuidad, como un libro que poder leer dentro de unos años y poder rememorar aquellos momentos, esos sentimientos, hacerme sentir aún humano, en definitiva.
Espero que esta vez, gracias a la tecnología, sea de verdad, para siempre.